Ha llegado el momento de presentarme. Todos me llaman Bel, soy natural de Almería, tengo cuarenta y tantos. Dos hijos propios y dos postizos. Fui una niña excesivamente tímida en la infancia. Actitud que remedié, por cuestión de supervivencia, en sucesivos años. Poseedora, por don divino, de una gran moral, todo he de decirlo.
En la actualidad soy miembro de una familia reconstituida como lo llaman…me da la risa…deberían llamarla; personas con mucho valor, que se juntan con personas con mucha moral, y reunifican hijos propios y ajenos. Todo ello en un alocado intento de reubicar su vida bajo los paradigmas sociales establecidos. Como si el primer intento no hubiera sido un aviso suficientemente potente. Pues no, nos atrevemos con un segundo intento, introducimos más variables que aumentan la ecuación a modo de granada de mano. Al fin y al cabo manejamos experiencias y vivencias en el sector muy diferentes entre sí, tanto propias como ajenas ¿ que podría salir mal?. A todo ello decidimos sumar un hijo propio nacido del amor y la valentía propias de super héroes.

Vital Experience
Resumiendo mucho, nací, crecí y me reproduje en Almería. Me salto la época de mi glorioso verano interna en Jaén, en el Colegio Guadalimar del grupo Attendis. Concluyó con unas «notazas» por desesperación. Y como veréis no me he saltado un «topicazo» .
A partir de los diecisiete años he vivido unos cuantos en Madrid. Entre la ciudad universitaria y el barrio de Malasaña. En dos momentos muy distintos de mi vida. Variopintos y camaleónicos. El primero en mi época despreocupada de estudiante universitaria. No disfruté mucho la ciudad debido a las prisas por hacer nada. La leche de pantera. Los bajos de Moncloa. Y la a idiosincrasia de la vida de los colegios mayores. En esta época me matriculo en mi primera carrera de Publicidad y Relaciones Públicas. En una universidad privada, por entonces llamada CEES o UEM. Situada a hora y media del centro en transporte público. Dato concluyente a la hora de no finalizar de manera satisfactoria esta primera inmersión académica. Para que nos vamos a engañar, lo digo principalmente por justificarme .
Sin embargo, en mi segunda etapa en la ciudad, inicio mi carrera de Derecho en la Universidad Complutense. Aunque puede que fuera una elección desafortunada. Si era una carrera más económica y con «muchas salidas» ( como se decía en la época). En este momento estoy más motivada y tengo más prisa por acabar mis estudios. Lo que me llevó al final de la historia que narro en este post.
Hazte cargo de la situación y traza un plan de Acción
Tras varias idas y venidas entre la Universidad de mi ciudad natal y adoptiva. Para ser exactos tres. Acabo mi carrera recordando ahora con cierta melancolía. Las siete horas de Talgo que nos metíamos entre pecho y espalda…en aquel tren que era todo un acontecimiento social. Las largas partidas de cartas entre vagones con algún que otro pitillo. Y sí, fui a las famosas capeas con el C.M Elías Aguja, por supuesto, que se diría. No nos cantaban tanto pero las capeas ya existían.
Bueno, el tema es que finalizo estudios y regreso a Almería. Sin darle muchas vueltas me incorporo a trabajar en una Asociación sin ánimo de lucro «Amigos del Alzheimer de Almería «. Formándome, a su vez, como Experta en Nóminas y Seguridad Social (que más me gusta a mí que un titulillo, intuyo que esto me viene por mis complejos y carencias, el haber sido mala estudiante de joven, ahora se traduce en un desmedido interés de demostrarme mis dotes y aumentar constantemente mis conocimientos con nuevo retos, igual en busca de una validación más propia que externa.)
Continúo como Inspectora de cursos de Formación de la Junta de Andalucía. Hasta que me incorporo en prácticas en un despacho de Abogados. Lo cual compagino hasta la constitución de mi primer negocio de Administradora de Fincas. Me río yo de «Aquí no hay quien viva«, tal cual. Aunque tristemente las reuniones infinitas de pie en garajes a altas horas, no compensaban a las de las grandes comunidades con sillas y aires acondicionados.
Con lo cual, acabo vendiendo el negocio para emprender mi segunda andadura profesional. Mi adorada tienda de ropa, a la que llamo » La Tintorería Shop «. Rindiendo tributo al negocio original del local en el que se ubica » La Española, Limpieza en seco « (podéis ver abajo en el vídeo corporativo, el neón original que arreglé como motivo decorativo de la misma ). Sin estudio de mercado previo, salvo una necesidad imperiosa de huida hacia adelante con la muerte de mi madre ( de una enfermedad larga y violenta donde las haya ) y a lo que añado mi reciente mi separación.
Aquí vivo una época maravillosa, divertida, en un lugar con mucho encanto, punto de reunión entre clientes y amigos. Situada en una zona céntrica de la ciudad donde tengo mis primeros acercamientos al mundo del Marketing Digital. Las ideas me brotaban solas. Me apasionaba más hacer una Marca Propia de la tienda y manejar las redes sociales, que la ropa en sí, de la cual entendía bastante menos, para que nos vamos a engañar.

Y somos Los Millers
Aquí es donde aparece en mi vida mi actual marido. Un abogado aparentemente serio y muy trabajador. Tiene dos niñas, de una anterior unión conyugal. Y Omitiendo detalles escabrosos. En esta época yo ya tengo a mi hija con 6 años.
Traspaso erróneamente mi negocio por problemas técnicos y económicos. Y decido volver al maravilloso mundo del derecho. Oposito a la administración de Justicia, este no es un terreno estéril para mi, ya que ya había opositado a las Administraciones Públicas con anterioridad, en otra rama, no soy muy de repetir, no sea que me vaya a acomodar. Y concluyo con el firme propósito de retomar de manera profesional mi carrera de Derecho, que tan nulos gratos momentos había aportado a mi vida con anterioridad.
Motivada por los problemillas conyugales (sin importancia, propios de las separaciones…si fuera correcto añadiría aquí trescientos puntos suspensivos). Y en aras de solucionar nuestras ajetreadas vidas. Pero, sobre todo, como valor añadido a mi carrera profesional. Me sumerjo en un Máster en Derecho de Familia, compaginándolo con el nacimiento de mi segundo hijo.
Lo finalizo con muy buenas notas por cierto, porque no hay como estudiar con motivaciones extras, necesidad y ganas. Y con un bebé que completa nuestro Carnet de familia numerosa general ( que no la especial, que sabrán ellos…) Y fruto de esta unión tan aparentemente normal, pero con mucha chicha de trasfondo. Sé que si os pusiera al día de los pormenores os aburriría y ya sabríais lo mismo que yo… Y además soy conocedora de que al ser humano, por naturaleza, no les gustan los chismes, así que continúo en un intento de síntesis.
Con la finalidad de afianzarme y desarrollarme en este ámbito, estoy trabajando dos años en un despacho de abogados, muy motivada eso sí, quizás no tan realizada. Porque algo no termina de cuadrar. Cuando por fin mi vida encaja, a mi no me gusta redactar demandas ni buscar jurisprudencia. Que podía haberlo pensado antes, quizás, pero uno se da cuenta de las cosas cuando le toca, no cuando quisiera. Y por supuesto, cuando la centrifugadora que llevamos en la cabeza se relaja y la vida te da una tregua.
En mi defensa añadiré que tampoco nos enseñan mucha inteligencia emocional, o gestión de emociones en el colegio o en la universidad. Ahora estoy convencida que me habría sido de gran utilidad, más incluso que la tabla periódica que nos daba Maria Luisa en Química. O el Latín. Para que hablar de emociones si podemos hablar con lenguas muertas.
Nada de mirar para adentro, más bien todo lo contrario, estaba más centrada en mirar para afuera. Así que iba poco a poco, me defendía de las vicisitudes de la vida, con mis propias armas y mi súper personaje.
He de reconocer que nuestra capacidad de adaptación al medio está muy infravalorada. Cuesta pararse a pensar , resetear y darle al boton de; Start Again. Somos la generación del famoso «Insert Coin» de Mario Bros. Del Tetris. Hemos desarrollado maravillosas habilidades, a fuerza de horas y monedas. Somos súper técnicos del engranaje de piezas de colores en una pantalla. De gran utilidad para avanzar en la vida y nunca se sabe cuando necesitaremos echar mano de ello.
No quiero ni pensar si hubiéramos tenido móviles, o redes sociales. Con Tik Tok a la vanguardia. Ahora mismo creo que me vería de gira con Sakira, o matriculada aún en la primera Universidad, y eso con suerte. Bendito término medio.
Concluyendo, ¿queréis un vaso de plástico para la bebida ? estamos cerrando.
No estaría de más coger perspectiva de nuestro propio personaje cada equis tiempo. Ese que llevamos rebosante de capas de adaptación. Sería útil y necesario. Complejos y carencias asumidos. Rueda de Gánster. Carrera de ratas. Y piloto automático. OFF.
Siempre estamos a tiempo de buscar dentro. Sacar fuera. Salir de donde no quieres estar, para colocarte donde realmente perteneces. No será un camino de rosas, pero hay que andarlo. Perseguir un sueño. O simplemente ponerte manos a la obra para que tu vida sea la que realmente quieres. Que se adapte a ti, a tus gustos y necesidades. Y no tu a ella. No esperemos que el maravilloso sistema educativo, saque lo mejor de nosotros, o de nuestros hijos. Ni siquiera que tus padres, familiares o amigos lo hagan.
Ahora toca volver a vibrar. Reinventarse una y otra vez hasta encontrar nuestro elemento. Sino, cual es la gracia de este juego. No esperemos el Game Over. INSERT COIN.


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